Dr. Héctor E. Grimberg

El estrés es una reacción normal y necesaria que se genera como defensa ante una situación que se vive como peligrosa, tanto subjetiva como objetiva, es por eso que algunas personas temen a los espacios abiertos mientras que otras los disfrutan.

Estamos viviendo un momento en que el peligro existe; no podemos evitar reconocerlo. El coronavirus está, por lo cual, no es extraño que podamos estar estresados. Este virus, se presenta como una situación desconocida para todos: es algo nuevo que añadir a nuestras experiencias de vida y es normal que pueda generar incertidumbre, ansiedad o estrés.

El estrés es una reacción transitoria, porque los peligros suelen ser de poca duración, desde minutos hasta horas. Sin embargo, cuando el estrés perdura en el tiempo, puede ocurrir que se transforme en una reacción anormal, siendo entonces cuando surgen los problemas debidos al estrés prolongado.

El organismo está preparado para situaciones de estrés de corta duración ya que los sistemas endocrinos neurovegetativos se pueden agotar (para decirlo de una manera entendible). Si estas situaciones se extienden, es entonces cuando el cuerpo puede padecer diferentes patologías como: la hipertensión, el asma, la gastritis; o trastornos psíquicos como la depresión y estados de ansiedad.

Cada persona reacciona de un modo diferente, ya que, por biología y por vivencias sufridas, somos todos muy distintos. Algunas personas se manifiestan tranquilas mientras que otras están desbordadas, angustiadas, con irritabilidad, insomnio, pesadillas o conductas de cuidado excesivas.

Estas dos cuestiones se entrelazan o vinculan ya que podemos estar tranquilos, pero, si se prolonga la situación, podemos pasar al segundo grupo, de reacciones de estrés patológico.

 

Frente a una situación de estrés es posible que:

1. Nos sintamos dominados por sensaciones físicas y emocionales que nos desorganicen y nos hagan sufrir pérdida del equilibrio o control.

2. Nos desesperemos.

3. Nos invadan pensamientos catastróficos: “cuando esto termine no sé qué será de mí”.

4. Presentemos conductas de exceso: bebida, comida, agresividad.

 

 

¿Qué nos puede ayudar a superar esa situación de estrés?:

 

1. Recuperar el equilibrio emocional. Esto es fundamental, por algo muchas veces se dice “cuenta hasta diez antes de”. Es preciso, primero, reconocer el descontrol, aceptarlo y posteriormente pueden realizarse ejercicios respiratorios o de meditación. Existen muchos tutoriales e incluso aplicaciones que podemos encontrar en internet, como por ejemplo: Headspace o a través de canales de YouTube como el de Malova Elena.

2. Evitar aislarse y vincularse con alguien, ya sea en casa, por teléfono o mediante las redes sociales. Las personas solemos tener la necesidad de comunicarnos y compartir, debemos elegir a esa persona que sabemos que nos tranquiliza y nos contiene.

3. Escuchar música que nos relaje.

4. Hacer alguna actividad física que nos permita descarga emocional. Puedes, o bien hacerlo por cuenta propia si ya tienes conocimientos en el área o bien apoyarte en las innumerables opciones que se encuentran disponibles en internet para realizar estas actividades desde casa. Comparto algunas opciones que pueden ser de utilidad: gymvirtual, yoga básico.

5. Realizar alguna actividad creativa o que se sienta de utilidad, terminar algo que se dejó a medias, dibujar, realizar algún hobbie o bien, empezar un curso.

6. Leer o escribir.

 

Con estas acciones se puede recuperar el equilibrio emocional que nos permite reconocer la dimensión del peligro y tomar conciencia de nuestra capacidad de protección y de afrontamiento de la situación.

Soy Médico Psiquiatra, Psicoterapeuta y actor. Por consultas recibidas, me interesó publicar reflexiones que pueden ser de utilidad para enfrentar lo que estamos viviendo de la mejor manera posible, evitando el pánico y la desesperación, que no son buenas compañeras.

Podemos sintetizar diciendo que, en todas las situaciones que se nos presentan en la vida, nosotros mismos tenemos el poder para decidir sentarnos en dos posibles sillas: la del sufrimiento y la del placer. El problema es cuando no nos damos cuenta de esto y nos quedamos fijados a la primera silla pero, si recuperamos la capacidad de elegir, sabremos cómo llegar a la silla deseada pues “siempre que llovió paró” y, es mejor esperar en la segunda silla, la del placer, y disfrutar del camino que es la vida.